El culto a la abstención

El caudal de votos de las elecciones regionales y de los comicios municipales comportan un dramático descenso de sufragios tanto para las fuerzas progobierno como las oposicionistas.

Pero no a todo el mundo lo deshidrata el purgante. Porcentualmente los opositores han experimentado una aguda pérdida de poder por cada voto menos en su cuenta. En cambio las fuerzas del cambio democrático han acumulado espacios aun experimentado el referido descenso electoral. Y esto hubiese ocurrido incluso sin morochas. La cuestión consiste en que el impacto de la abstención ha sido mayor en el universo electoral antichavista. Esto salta a la vista en cualquier análisis comparado de los resultados del referéndum presidencial con los dos mencionados comicios; asimismo se mide en la capacidad de movilización de calle: el oposicionismo cerró su campaña por el Sí con un concurrido mitin en la zona de la autopista ubicada frente a La Carlota. Los seguidores de Chávez hicieron lo propio. Mas, hoy los bolivarianos conservan su capacidad de movilización de masas; en cambio el oposicionismo no logra reunir diez mil de sus seguidores. La desmoralización que sigue a toda derrota ha sido agudizada en extremo por las feroces pugnas en la dinámica de redefinición del liderazgo opositor. El resultado: confusión y desorientación ideológica: el neoliberalismo que antes los unió perdió la magia y dejó tantas interpretaciones como evangelios apócrifos; las redes organizativas de la sociedad civil, que fueron el orgullo de la tesis doctoral de Condoleezza Rice, hoy constituyen una miríada de tribus mediáticas; las fuentes de financiamiento, tan espléndidamente provistas otrora, se han reducido a las remesas que la administración Bush hace llegar preferentemente para Súmate.

Todo se sintetiza en una palabra:
paralización.

Y otra vez la paralización político electoral del oposicionismo sale de paseo de la mano de genios de la industria mass mediática, encaprichados con seguir siendo jefes de los mandamás de los partidos políticos.

La abstención es nuevamente la moda, lo in. De tal modo que el oposicionismo sufrirá otro bajón electoral y verá reducida sensiblemente su representación parlamentaria.

Retirarse de la contienda ya no tiene glamou r. Con la ultra flexibilidad del CNE, que le ha dado el sí a todos los antojos del oposicionismo, las razones para fundamentar una renuncia lucen tan falsas como un billete de a quince. Ya no victimizan. Lo ético sería decir que la despedida de la contienda se debe a la decisión de no verle la cara a la derrota; o seguir en el combate electoral con la búsqueda y defensa organizada de cada sufragio y aceptar limpiamente el resultado de la expresión de la soberanía popular el 4-D.

Creer que una oposición descangayada puede adelantar una estrategia destinada a deslegitimar social y políticamente al gobierno bolivariano, es por lo menos un novelón que ni Corín Tellado. El desafío de la oposición consiste en enfrentar sin ambages a los cultores del abstencionismo.

Ese es su principalísimo obstáculo.

Y no se le combate sólo en las pantallas de la televisión y en las ondas de la radio, sino también —y principalmente— donde vive la gente mediante el diálogo cara a cara con las asambleas populares y las visitas casa por casa. Sólo así cederá la mortífera abstención, siempre y cuando se deseche la absurda manía de descalificar al CNE, con lo que sólo logran aupar la abstención.

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