El Plan Bush

Dos hechos, auspicioso uno, preocupante el otro, gravitarán sobre la política de Venezuela en el seno de la Comunidad Andina de Naciones en los próximos meses, sin obviar el tránsito iniciado hacia la condición de país bisagra entre ésta y el Mercosur.

El primer hecho lo constituye el inicio del gobierno de Evo Morales en Bolivia. Cuando el presidente Morales jure el cargo doblarán las campanas –en ese territorio– para una larga época histórica forjada a raíz de la victoria del ejército español sobre los guerreros incas, sostenida a sangre y fuego por los descendientes de Pizarro, aun durante y después de la guerra independentista, para desilusión de Bolívar y Sucre. Sin embargo, la administración de Morales no se trata de un regreso a la nostalgia del incanato, sino de salto adelante del proceso de emancipación que no se agota en el fortalecimiento del Estado nacional, puesto que incluye además la construcción de un Estado democrático y social de derecho y de justicia, capaz de ejercer su soberanía e independencia con base en la autodeterminación del pueblo que lo sustenta, propendiendo a la integración del subcontinente.

De tal modo que Morales no pretende “aymarizar” Bolivia, sino “incluir a los excluidos sin excluir a los ya incluidos”. Es decir, que los indígenas no sigan siendo tratados como extranjeros en su propia patria.

Toda política que comporte democracia con justicia social y soberanía verdadera, conviene a Venezuela. De aquí que el gobierno de Morales conlleve una fortaleza para el proceso emancipatorio al cual está integrado nuestro país. No es que Morales imite a Chávez sino que es leal a sus raíces populares y nacionales. De cajón que tal cualidad es suficiente para que Bush lo vea con recelo. Ya le mandó a advertir sobre el modelo de democracia que debe cultivar: la made in USA.

Pizarro se volvió gringo y en Bush lo tenemos hoy. Pero el cow boy tendrá que calarse que los bolivianos sean dueños de su destino, gas incluido.

A la par de su advertencia, Bush despliega el Plan Andino (actualización y avance del Plan Colombia), hecho preocupante para nuestro país con vista a la fachada andina. Se conoce bien cómo Bush piensa usar paramilitares para hostilizar la frontera colombo venezolana. Aún no se sabe cómo evitará el presidente Uribe que el guerrerismo de Bush, empeñado en que colombianos sigan matando colombianos, le reste votos en su campaña por la reelección. Las conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional, el enfriamiento de las negociaciones de la alquita con Estados Unidos, el fortalecimiento de la cooperación con Venezuela, son indicadores de que Uribe sopesa el costo político y electoral del acompañamiento bushista.

Quizás de resultar reelecto tenga otro cantar.

En las neuronas de Bush, para nada oxidadas, el Plan Andino, con su concepto de soberanía cooperativa, es decir, restringida, constituye la tenaza del cerco contra Venezuela, referente del proceso emancipatorio latinoamericano. La culebra se mata por la cabeza, piensa Bush. Empero, con sus aliados debilitados, una creciente oposición interna y un empantanamiento en Irak, al cow boy se le cierra el margen de maniobra en su anhelado patrio trasero.

La formidable victoria de Morales, preludio de la que obtendrá Chávez, indica que con organización política y social y gobiernos transformadores leales a sus programas, los pueblos seguirán usando los votos derrotar los planes de Bush.

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