Contra el garrote y la zanahoria

“El fin de la Guerra Fría ha creado lo que algunos observadores llaman un mundo ‘unipolar’ o de ‘una superpotencia’ .

Pero en realidad, EE UU no está en mejor posición para imponer unilateralmente la agenda mundial de lo que estaban al comienzo de la Guerra Fría. Hoy son más preponderantes de lo que eran hace 10 años y, sin embargo, de manera irónica, el poder también se ha vuelto más difuso.

De esta manera, en realidad ha decrecido la capacidad estadounidense para aplicar el poder a dar forma al resto del mundo”.

Así escribió Henry Kissinger en su texto Diplomacy (Editorial Simon & Schuster, 1994). Se revela de esta forma que el sector más esclarecido de la elite que controla el poder corporativo en EE UU tiene conciencia de que su margen de maniobra para controlar el planeta es insuficiente.

Lo reitera Condoleezza Rice al clamar por una alianza internacional para agredir a los procesos emancipadores en ascenso en países periféricos como Venezuela. Con esta premisa, más allá de la apariencia, comulgan los halcones, siempre prestos a aplicar el gran garrote (la agresión brutal) heredado de Theodore Roosevelt, y las palomas, cultores del legado de Woodrow Wilson de imponer los intereses imperiales ofreciendo la zanahoria (la misma agresión pero con modo). De aquí que a cada rato se observe una combinación de garrote con zanahoria.

Casi al mismo tiempo Thomas Shannon, subsecretario de Estado para América Latina, monta la escena del diálogo y recibe al embajador venezolano, mientras que su jefa, la morenaza Rice, justifica el presupuesto de su ministerio para 2007 ante el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes del Congreso convocando una cruzada contra el gobierno bolivariano. Garrote con zanahoria en coaliciones con socios que acepten el mando yanqui, es la tesis de consenso manifestada incluso, detrás de los estilos y los matices, en los debates electorales entre John Kerry y George Bush.

Frente a la elite que gerencia el gobierno corporativo imperialista no solo se empinan los pueblos que han asumido su derecho a ser independientes y soberanos, sino también corrientes políticas y sociales de países socios del imperio y, especialmente, de la propia nación estadounidense.

De modo que las contradicciones con la política del garrote y la zanahoria imperiales no deben enfocarse centradas en una diferenciación subjetiva entre halcones y palomas, sin negar sus matices, sino principalmente en fortalecer, profundizar y expandir los vínculos con los sectores no imperialistas de la sociedad estadounidense, muchos de los cuales tienen expresión incluso en el Congreso de ese país.

La resistencia de densos sectores de la sociedad estadounidense contra la guerra en Vietnam constituyó la primera derrota del imperialismo en esa conflagración. Los pueblos agredidos por el imperio deben aprovechar esa experiencia. Venezuela lo viene haciendo con acierto; cada día crece la solidaridad del movimiento popular de EE UU con el proyecto bolivariano, especialmente en lo relativo al rechazo a la injerencia de la administración Bush en los asuntos nacionales, gracias a que se divulga con detalle las verdades de lo que pasa en esta tierra, anulando la desinformación de las agencias de propaganda antivenezolanas, cuya mayoría presenta sus mentiras bajo la envoltura de información periodística.

“El fin de la Guerra Fría ha creado lo que algunos observadores llaman un mundo ‘unipolar’ o de ‘una superpotencia’ .

Pero en realidad, EE UU no está en mejor posición para imponer unilateralmente la agenda mundial de lo que estaban al comienzo de la Guerra Fría. Hoy son más preponderantes de lo que eran hace 10 años y, sin embargo, de manera irónica, el poder también se ha vuelto más difuso.

De esta manera, en realidad ha decrecido la capacidad estadounidense para aplicar el poder a dar forma al resto del mundo”.

Así escribió Henry Kissinger en su texto Diplomacy (Editorial Simon & Schuster, 1994). Se revela de esta forma que el sector más esclarecido de la elite que controla el poder corporativo en EE UU tiene conciencia de que su margen de maniobra para controlar el planeta es insuficiente.

Lo reitera Condoleezza Rice al clamar por una alianza internacional para agredir a los procesos emancipadores en ascenso en países periféricos como Venezuela. Con esta premisa, más allá de la apariencia, comulgan los halcones, siempre prestos a aplicar el gran garrote (la agresión brutal) heredado de Theodore Roosevelt, y las palomas, cultores del legado de Woodrow Wilson de imponer los intereses imperiales ofreciendo la zanahoria (la misma agresión pero con modo). De aquí que a cada rato se observe una combinación de garrote con zanahoria.

Casi al mismo tiempo Thomas Shannon, subsecretario de Estado para América Latina, monta la escena del diálogo y recibe al embajador venezolano, mientras que su jefa, la morenaza Rice, justifica el presupuesto de su ministerio para 2007 ante el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes del Congreso convocando una cruzada contra el gobierno bolivariano. Garrote con zanahoria en coaliciones con socios que acepten el mando yanqui, es la tesis de consenso manifestada incluso, detrás de los estilos y los matices, en los debates electorales entre John Kerry y George Bush.

Frente a la elite que gerencia el gobierno corporativo imperialista no solo se empinan los pueblos que han asumido su derecho a ser independientes y soberanos, sino también corrientes políticas y sociales de países socios del imperio y, especialmente, de la propia nación estadounidense.

De modo que las contradicciones con la política del garrote y la zanahoria imperiales no deben enfocarse centradas en una diferenciación subjetiva entre halcones y palomas, sin negar sus matices, sino principalmente en fortalecer, profundizar y expandir los vínculos con los sectores no imperialistas de la sociedad estadounidense, muchos de los cuales tienen expresión incluso en el Congreso de ese país.

La resistencia de densos sectores de la sociedad estadounidense contra la guerra en Vietnam constituyó la primera derrota del imperialismo en esa conflagración. Los pueblos agredidos por el imperio deben aprovechar esa experiencia. Venezuela lo viene haciendo con acierto; cada día crece la solidaridad del movimiento popular de EE UU con el proyecto bolivariano, especialmente en lo relativo al rechazo a la injerencia de la administración Bush en los asuntos nacionales, gracias a que se divulga con detalle las verdades de lo que pasa en esta tierra, anulando la desinformación de las agencias de propaganda antivenezolanas, cuya mayoría presenta sus mentiras bajo la envoltura de información periodística.

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