SIEP

Tajante el artículo 57 de la Constitución de la R e p ú b l i c a Bolivariana de Venezuela, que prohíbe la censura. Recoge así la aguerrida tradición de lucha de los venezolanos contra los intentos de cercenarle las libertades fundamentales, en este caso las de expresión y de información.

En estos combates por la verdad siempre han estado a la vanguardia los periodistas, cuyo ideal ha sido consagrado por la Carta Magna, aprobada en diciembre de 1999, al establecer como norma obligatoria la divulgación de información imparcial, veraz y oportuna.

Queda decretado, de este modo, que mentir en un medio de comunicación es contrario al apostolado del periodismo.

Quienes no se sienten homenajeados en la Carta Magna son aquellos que le negaron el sí en el referéndum de diciembre de 1999, grupo en el que resaltan dueños de periódicos, revistas, televisoras y emisoras de radio, cuyos nombres jamás han aparecido en el registro del Colegio Nacional de Periodistas.

Cada rato arman un aquelarre contra la Constitución para demostrar que todavía le tienen ojeriza. Allende las fronteras, por lo general sus letanías las exclaman frente a los micrófonos que les pone a la orden el presidente George W. Bush, directamente o por medio de alguna fachada de siglas sonoras, por ejemplo la Sociedad Interamericana de Prensa.

De idéntico modo son enemigos de la Constitución egresados de escuelas de comunicación social universitarias dedicados sin tregua a la tarea de someter a los venezolanos a una terrible hiper realidad: un mundo de paranoia en el que el oposicionismo se cree la coba de la desestabilización del país con campañas mediáticas, basadas en proyectar cual héroes a ciudadanos incursos en delitos como la estafa y la difamación.

Pocos son los integrantes del Colegio Nacional de Periodistas que se prestan al juego de los capitalistas dueños de medios de prensa dirigidos a hacer creer que en Venezuela asistimos a un combate entre los fablistanes y el Gobierno. Casi nadie le presta crédito a tan descomunal mentira.

Sabe el pueblo que la batalla de los periodistas auténticos, es decir, los comprometidos con la verdad, es contra quienes pretenden aplicarles todos los días un 12 de abril de 2002 en las salas de redacción, en los estudios de televisión y de radio; o sea, los miembros de la sociedad interamericana de explotadores de periodistas (SIEP), mientras le sigue sacando a la noticia, fruto del trabajo de las neuronas y los músculos de los periodistas, el jugo de la plusvalía económica e ideológica.

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