¿Tendrá líder la oposición?

El 3 de diciembre los ciudadanos determinarán con sus votos dos hechos inherentes a su soberanía:
reelegirán a un presidente y a su interlocutor en la oposición.

Cierto que esto último será así si los candidatos oposicionistas dan la pelea en la campaña y le muestran el dedo medio a Bush y sus capataces en estos lares cuando les ordenen retirarse de la contienda, hecho que, por los vientos que soplan, ocurrirá en noviembre en medio de feroces ataques contra el CNE.

Discutir la posibilidad de la reelección de Chávez es sólo un oficio de ocio creativo, un solazamiento en el análisis para deslumbrar electores, televidentes, radioescuchas, oyentes. Podría servir, a lo sumo, de muestra de fecundidad investigativa e intelectual consagrada en texto de consulta para enriquecer currículos, fama académica; pulir prestancias en el debate publico, pero no será jamás una concatenación de teoría y práctica. Chávez va a ganar tan seguro como que el 4 de diciembre el sol iluminará el planeta. La oposición que conserva las neuronas serenas y no permite que se las nuble el corazón ardiente lo sabe bien; ergo, está consciente de que su lucha es por elegir un líder, un conductor, un Moisés para que la guíe en el tránsito lento y penoso por el desierto tras haber perdido la ruta del paraíso del poder.

Vale discutir si el Presidente aumentará su caudal electoral hasta la meta de 10 millones de votos, es decir, si logrará ubicarse holgadamente por encima de quien ocupe el segundo lugar, aunque sea la abstención. Este debate no es ocioso, tiene efectos prácticos en la dinámica política para 2007, cuando por fin la oposición podría contar con un batallador al frente. De modo que es útil hacer cuantificaciones estadísticas, proyecciones, análisis comparados de encuestas para ver si los 10 millones de votos son algo factible, alcanzable. Así también luce de utilidad cierta debatir cuál ha de ser el modo de instrumentación de la campaña electoral, detenerse, por ejemplo, en cómo posicionará su imagen Hugo Chávez: ¿Se focalizará en el carismático líder popular o se proyectará además como el estadista del ALBA, la redefinición del Mercosur, el forjador del titánico esfuerzo integracionista? De idéntica manera vale llevar al foro de la dialéctica el contenido del programa de gobierno revolucionario para el sexenio 20072013, así como la primera evaluación que haga el pueblo de la gestión del barinés bajo la Constitución bolivariana.

En distintos momentos, el Presidente ha confesado que el país requiere un jefe de la oposición; un interlocutor con la membresía de la disidencia política ante el jefe del Estado.

Es un reclamo para el pueblo opositor. Sólo la soberanía de esa parte de la sociedad podrá ungir un dirigente elevándolo a la soñada por muchos condición de voz de la otredad política ante Chávez.

Liderar la oposición a Chávez ranquea en grande; da estatus, proyección perdurable hacia el futuro. Julio Borges, Teodoro Petkoff, Manuel Rosales, Roberto Smith, Willian Ojeda, de sostener su campaña y contarse el 3 de diciembre, optan por ser el centro de esa trascendente decisión popular: articular a la oposición ante Chávez con la perspectiva, lejana pero viable, de perseverar en la aspiración presidencial en el año 2012.

El 3 de diciembre en la noche, a pesar de la pesadumbre y la aflicción, el pueblo opositor podrá decir, si sus candidatos le son leales y reconocen y respetan la voluntad de la sociedad manifestada con los votos, líder habemus.

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