Baduel

La vasta operación psicológica que comportó los preparativos del golpe de Estado del 11 de abril de 2002, incluyó el uso de hábiles y sutiles técnicas de manipulación de la información, es decir, desinformación, masiva y personal, para crear una aparente realidad en la que patriotas revolucionarios eran presentados como conjurados en la conspiración contra la democracia. Tanto en el ámbito militar como en el civil, infamia de por medio, se levantaron sospechas que en cierto grado dividieron a fuerzas gubernamentales, presas del recelo inducido. Una de las víctimas de estas prácticas fue el general Raúl Isaías Baduel, para el momento comandante de los paracaidistas asentados en Maracay. En el alto gobierno, militares comprometidos con la conspiración echaron a rodar el rumor de que el general andaba preparando una insurgencia.

“Baduel es el jefe de un movimiento insurreccional”, propagaban sin tregua. Ministros, diputados, gobernadores y otros dirigentes pisaron el peine; situación esta que facilitó la maniobra de concreción de condiciones necesarias y suficientes para El Carmonazo.

Luego de su acción, en cierto modo decisiva, en el diseño y ejecución de la operación cívico militar que dio al traste con la sangrienta dictadura de Carmona, se desató contra Baduel una feroz campaña de asesinato moral y político en el contexto de la organización y posterior desarrollo del plan golpista del paro económico petrolero.

Ya no era creíble decir que Baduel lideraba el intento de golpe. Comenzaron a acusarlo de andar construyendo su propio liderazgo con pretensiones presidenciales. Con sus arrestos de filosofía oriental, el soldado llanero, al igual que el presidente Chávez, se mantuvo imperturbable cumpliendo sus deberes de demócrata, es decir, fiel a la Constitución y a los poderes públicos legítimamente constituidos, incluyendo de manera singular al Poder Ejecutivo y al jefe del Estado.

En mayo pasado, por la cercanía del mes de julio, momento especial de ascensos y designaciones militares, otra vez se activó la guarimba mediática.

Nuevamente trataban de meter cizaña en la FAN. Visto el cuadro cerrado con que se mueven los oficiales, constitucionalistas todos, la estrategia consistió en simular que había pugnas entre los altos oficiales, incluyendo en la movida, por supuesto, a Baduel. La inagotable paciencia de este último distinguió a todos los generales y almirantes sobre quienes recaía la expectativa, en particular, de la titularidad del Ministerio de la Defensa. La FAN se mostró tal cual es actualmente: monolítica, a prueba de operaciones de desinformación presentes en columnas de periódicos, revistas, programas de radio, de televisión y páginas de Internet. El sueño de los propagandistas de las matrices de opinión diseñadas en laboratorios transnacionales de la guerra mediática de desencadenar desencuentros entre los oficiales, se quedó en eso: deseos estériles.

El saludo emocionado que recibió Baduel en el propio Campo de Carabobo de sus compañeros de armas, verbigracia, el almirante Maniglia, en el mismo instante cuando el presidente Chávez hizo el anuncio de su ascenso a general en jefe y su designación como próximo ministro de la Defensa, revela que el espíritu de cuerpo y la unidad de propósito son principios acerados en la totalidad de la FAN.

Los militares han aprehendido la misma sabiduría del pueblo civil: pa` la cizaña mediática del bushismo fraternidad bolivariana.

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