Vene-Irán

Lo establece sin duda posible el artículo 152 de la C o n s t i t u c i ó n vigente: las relaciones interna cionales de Venezuela responden a los fines del Estado en función del ejercicio de la soberanía y de los intereses del pueblo, y se rigen por los principios de independencia, igualdad entre los Estados, libre determinación y no intervención en sus asuntos internos, solución pacífica de los conflictos internacionales, cooperación, respeto a los derechos humanos y solidaridad entre los pueblos en la lucha por su emancipación y el bienestar de la humanidad… Y es sobre la base de esta norma que se profundizan las relaciones de cooperación entre Irán y Venezuela, las cuales registran un envión con la visita del presidente Mahmoud Admadinejad y la suscripción de 34 convenios y memoranda de entendimiento en distintos ámbitos de la actividad económica, científica, tecnológica y cultural.

De este modo, ya distintivo de las relaciones entre los dos países, se demuestra la perfecta viabilidad del encuentro fecundo entre dos pueblos que se empinan por construir su plena independencia política, económica, cultural como fórmula para desbrozar una vía propia de desarrollo con sentido social.

Independencia plena que comporta el rechazo al ingerencismo, tan tolerado y aupado en otros tiempos, en Irán y Venezuela cuando sus destinos estaban en manos de gobiernos abiertamente entregados a intereses imperiales, ofrendando sus recursos estratégicos, especialmente el petróleo, como tributo a las las élites de Estados Unidos, en particular. Emblemático que los dos países, no obstante su distancia geográfica y diferencias culturales, coincidan en empinarse contra la prepotencia y la soberbia de los halcones que, con George Bush como speaker, pretenden sojuzgar a todos los pueblos del mundo, dictándole que hacer con su existencia bajo la férula de la ideología del pensamiento único y la unilateralidad de la superpotencia imperial. Asimismo, se trata de la manifestación auténtica de la concreción de espacios plurales en el seno de la comunidad internacional, asumiendo con respeto la diversidad cultural, que ya van siendo expresión concreta de la pluripolaridad ascendente en el planeta.

Los acuerdos –34 en total-entre el país de Omar Khayam y el de Alberto Arvelo abarcan desde la industria petrolera, la minería, la fabricación de tractores y automóviles, así como de equipos médicos, hasta la petroquímica, el intercambio de contenidos noticiosos, plantas de cemento, agricultura, construcción de viviendas, la metalurgia, entre muchos otros sectores del quehacer productivo. Todos estos convenios tienen un denominador común: implican inversiones productivas en la economía nacional, generación de riqueza con valor agregado en territorio venezolano y transferencia de tecnología para la industria criolla, lo que se traducirá en un vigoroso incremento del empleo productivo y seguro. Una modalidad de cooperación que debería ser modélica en la comunidad internacional esta practicada por Irán y Venezuela, que redunda en beneficio para ambos pueblos.

La propaganda bushiana, presentada hábilmente bajo la sutil envoltura de la información periodística, ya se precipita a decir, con el debido eco en sus marionetas parlantes de la comarca, que Venezuela e Irán se conjuran contra su gobierno. La cuestión está clara: es Bush quien conspira contra los derechos soberanos de Venezuela e Irán. Y ya está anulado el tiempo de la mentira y el engaño.

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