Dale con la cruz

Por interpuesta persona habló el Diablo. El general Peter Pace, jefe del estado mayor conjunto de las Fuerzas Armas de EE UU, actuando como símbolo del poder militar imperial, mostró su feroz determinación a usar -cuando su muy particular criterio y el de Míster Diablo así lo consideren-el músculo bélico de la primera potencia del globo para descalabrarle el ánimo independentista a los levantiscos venezolanos, que andan en serio dedicados a la tarea de emanciparse también, ya consolidada su autodeterminación política, en lo científico tecnológico y económico. Lucifer escupió azufre.

La vieja técnica de exhibir el músculo militar constituye una clásica táctica intimidatoria desde los tiempos de los filisteos y su gigantón Goliat. De este modo se busca acoquinar al adversario, paralizarlo y someterlo a la voluntad de los señores del país más fuerte, en este caso el imperio estadounidense. Pero así como el truco no le funcionó a los filisteos, a los imperialistas de estos tiempos también les ha fallado el ardid varias veces. A los yankis nos le funcionó la puesta en escena en Viet Nam, Irán; tampoco obtienen progresos en Irak. En el Líbano tuvieron que dar marcha atrás ordenándole a sus perros de presa que regresaran a casa con la vergüenza de una derrota inocultable.

En Venezuela el imperio no las tiene consigo. Con maniobras y presiones trataron de asilar al país, encerrándolo en un cerco diplomático y político que en jerga castiza no tiene otro nombre que no sea bloqueo. Pero el tiro se le fue por la culata. Ahora la cuestión consiste en amenazar para que Venezuela decline su legítima aspiración a convertirse en miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. De aquí que George Bush haya ordenado que el vocerío no sea sólo de los halcones de regio traje oscuro sino también de los halcones que ocupan las instancias del alto mando militar del imperio, como es el caso del circunspecto general Pace.

Se trata de una suerte de diplomacia de cañoneras verbales destinada a asustar incautos que revela un error borbónico: la negación a aprender de las lecciones de la vida. Míster Diablo orquestó, diseñó, financió, organizó un golpe de Estado contra la democracia revolucionaria en abril 2002, cuando Manuel Rosales recibió y cumplió la orden de firmar el decreto Carmona; luego el imperio actuó de idéntico modo con el paro económico petrolero, la guarimba y el referendo. Y salió apaleado. ¿Será diferente ahora? Todo indica que otra vez el imperio será zarandeado: por más que amenace no doblegará la voluntad libertaria, independiente y soberana de los venezolanos.

A Bush se le debe aplicar el consejo contenido en el joropo carnaval Pipiriguá: alzarle al frente la cruz para que se espante. “Allá viene el diablo dale con la cruz, a mí no me asusta lo que diga (Bush)”. Que Bush use una marioneta parlante de uniforme militar o de rígido traje gris, no asusta a nadie, como tampoco amedrenta cuando es el mismo torpe musiú luciferino el que, como Hitler en su tiempo, se deslengua en amenazas.

La verdad es que el imperio quiere pero no puede agredir en mayor escala a Venezuela. Lo que no es razón para echar un camarón, no vaya ser que a Míster Diablo le dé por una aventura temeraria ante la evidencia de que sus candidatos perderán en los venideros comicios parlamentarios en EE UU, y que en Venezuela sigue perdiendo los reales con candidaturas pura pinta.

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