El envión de arrastre

Sin ser futurólogo, quien con cinco dedos de frente se detenga a imaginarse el 3D llega a la muy objetiva conclusión de que la fotografía de ese día ya tiene forma y fondo: será tal cual dicen las encuestas cuyos datos han sido procesados respetando la opinión real de los entrevistados, es decir, evitando con la ética sólida de un auténtico profesional de la estadística ceder a cualquier tentación de las razones del corazoncito político que la razón no entiende, y desechando así respuestas inducidas por la pregunta o interpretaciones torcidas de los datos generados por la aplicación del instrumento demoscópico.

Es un hecho cuyos misterios salieron a la luz ya en los tempranos estudios de Paúl Lazarsfeld y su equipo en Estados Unidos: el día de las elecciones no hay sorpresas mayores, la gente vota como dijo que votaría. Y la porción, siempre pequeña, que durante la campaña mantuvo en duda su decisión tiende a sufragar por el candidato ganador.

Band wagon effect denomina a este fenómeno la ciencia del comportamiento electoral. De aquí que el abanderado favorecido por la mayoría por lo general aumente su votación si se compara ésta con la intención de voto revelada en las encuestas.

Esto es así en todo país donde se hacen elecciones. Los resultados y conclusiones de los estudios recogidos en The People Choice y The American Voter, entre muchos otros realizados en Estados Unidos, han sido validados en Europa, Asia, Africa, América Latina, incluyendo Venezuela. Si el lector lo duda acérquese a los análisis publicados por el politólogo Arístides Torres, lamentablemente fallecido tan temprano cuando aún tenía un mundo que dar a la ciencia política.

Aquí no hay coba. Al promediar las encuestas se encuentra que Hugo Chávez se ubica en una banda de 55% a 60%, mientras que Rosales lucha todavía por acercarse al techo de la oposición: los casi 4 millones de votos logrados por el Sí en el referéndum de 2004. Los demás candidatos y candidatas se ubican en porcentajes sensiblemente inferiores a 1%. De modo que la fotografía del 3D no sólo revelará el voto mayoritario que registra Chávez, sino además el crecimiento del mismo en un envión final producto del efecto arrastre del ganador. Así el actual presidente puede lograr su reelección con un porcentaje superior a los dos tercios del voto válido al capitalizar la mayor parte de 18% de los indecisos, sumándolo a su fuerza actual cercana a 60%.

En cambio, Rosales parece encaminarse a un resultado inferior al obtenido por la oposición en 2004. Su capacidad para capturar votos indecisos es casi nula, a lo que se suma que parte del electorado opositor refugiado en el abstencionismo después del fracaso del referéndum permanece inmovilizado, incrédulo ante un candidato de desempeño discreto en la puesta en escena de su campaña electoral. Por más que su comando manipule encuestas, eche el resto acarreando electores de todo el país para montar mítines en medio de un impresionante despliegue mediático; las torpezas verbales del candidato, los desaciertos de sus voceros como los ataques al gobierno demandando la devaluación del bolívar, las contradicciones en sus propuestas programáticas como, por ejemplo, los señalamientos de que las misiones son un mala política social pero que las conservarían, le anulan el vuelo a su credibilidad y los atenazan en un porcentaje electoral que conduce directo a la derrota.

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