El pueblo reforma la Constitución

Desafiados por la bandera del voto directo, secreto y universal, los intelectuales que asesoraban al presidente Medina Angarita echaron mano de su método positivista y lo convencieron de que el pueblo era bárbaro, montaraz, incivilizado, inmaduro, ingenuo y manipulable; argumentaban que le faltaba mucha escuela, letras y matemáticas, cultivo del espíritu para acceder al ejercicio del poder político aunque fuese por los cinco segundos de la emisión del voto. En la negativa del Gobierno ante la demanda del voto directo, universal y secreto, los conspiradores, que se movían en la oscuridad preparando el golpe de Estado, se hallaron con un argumento virtuoso para justificar su desbordada ambición de poder, su encantamiento con los intereses de Estados Unidos y dar rienda suelta, por la calle real, a sus planes destinados a derrocar el gobierno de Medina, como lo lograron el 18 de octubre de 1945.

Era un pensamiento de élite que, desde la óptica positivista, ve al pueblo como un rebaño destinado a la resignación, a la marginación y al silencio en el quehacer de la vida política. Esta visión se mantiene entre las élites que sucedieron a Medina Angarita y gobernaron a Venezuela hasta 1998. Hoy en el laberinto del oposicionismo, y con métodos de la ciencia funcionalista, los intelectuales de esa élite nostálgica, usan su protagonismo mediático para reproducir el argumento que brindaron en su momento a Medina Angarita, ahora para pontificar contra la reforma constitucional que viene. “Hay asuntos que no deben someterse a la voluntad popular”, refieren con fundamento en casos realmente persuasivos en la argumentación, para decir entrelíneas que no es pertinente llevar a referendo aprobatorio las propuestas que presidente Hugo Chávez como texto modificado de la Constitución bolivariana. Alertan que se personificará el debate y el referendo en el exitoso líder y que el pueblo votará a favor de lo que éste proponga guiado mayormente por el carisma del barinés, sin racionalizar el contenido de tales propuestas.

He allí el mismo argumento presentado a Medina Angarita: el pueblo no tiene la necesaria y suficiente racionalidad para analizar la reforma constitucional y votarla con las neuronas.

Solo la élite usa el raciocinio para hacer política. Ergo, el pueblo no es apto para pronunciarse sobre la optimización del proyecto de país contenido en la Constitución. De este modo pretenden descalificar la reforma constitucional en su propio origen: la soberanía popular. En la lógica de la élite no se tratará de un referendo aprobatorio de la reforma de la Carta Magna, sino de un plebiscito en torno al liderazgo del presidente de la República. Por esta vía de argumentación se llega al punto que la élite desea colocar en la agenda: la inhabilitación de Chávez en la opinión pública respecto al debate de la reforma, vale decir, Chávez debe ser excluido de la agenda de la reforma constitucional. Y como el pueblo sólo se guiará por Chávez en la definición de su forma de votar, entonces lo más apropiado es cancelar toda propuesta de reforma de la ley de leyes.

Para despecho de la élite puntofijista y sus intelectuales, continuará el debate sobre el tema de la reforma; habrá propuestas de Chávez y se llevará a cabo el referendo aprobatorio en forma transparente y confiable, y será aprobada la reforma por el único dueño de la soberanía: el pueblo.

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