El nuevo canal 2

El espectro radioeléctrico es un bien de dominio público, de acuerdo con la legislación venezolana. En consecuencia, corresponde al Estado, en nombre y representación de la Nación, administrarlo. Estos preceptos los desarrolla, con claridad del mediodía, la Ley Orgánica de Telecomunicaciones, cuyas disposiciones fundamentan la muy legítima, ética y oportuna decisión de no renovar la concesión al grupo económico 1 Broadcasting Caracas (1BC), para operar la televisora de señal abierta canal 2. Este hecho ya ha perdido prominencia. Pasó a la categoría de caliche en la jerarquización de la información diaria. No hay marcha atrás, ni interés en leer periódicos de ayer.

¿Qué hacer con la señal del canal 2 a partir del 28 de mayo? That is the question. Se impone volver la mirada al nunca empolvado proyecto Ratelve, con el ánimo de actualizarlo y diseñar una propuesta de televisión de servicio público, abierta a la participación protagónica de la sociedad en la producción y transmisión de los contenidos, en este caso, de la programación del nuevo canal 2. Es una oportunidad virtuosa para que la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad se manifieste en el campo de la comunicación televisiva, con todo su potencial creador al servicio del proyecto de país de la Constitución del 99. Estado y sociedad juntos por Venezuela.

La perspectiva ratelviana, adaptada a los tiempos actuales, a esta nueva época de la historia nacional, a esta era revolucionaria de impulso y rumbo socialistas, comporta que bien puede el Estado mantener bajo su dominio la señal del canal 2; pero el contenido, llamado en la jerga del oficio televisivo la parrilla, es fruto de la creación de los productores nacionales independientes, organizados en sociedades anónimas, cooperativas u otra categoría legal; de las televisoras comunitarias y regionales.

Esto sin negar que también hagan su aporte a la programación fundaciones públicas como, por ejemplo, la Villa del Cine, o universidades y otros centros del arte, la ciencia y la tecnología. De este modo se llevará a la práctica una de las premisas del Socialismo Siglo XXI: tanto Estado como sea necesario, tanta sociedad como sea posible.

Un nuevo paradigma en televisión será el canal 2. No sólo porque su contenido se distinguirá por su calidad y factura artística y técnica, y será en un alto porcentaje venezolano, y sus creadores, productores nacionales independientes; sino porque además observará rigurosamente el mandato de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, contribuyendo de manera efectiva en el desarrollo integral del país.

El nuevo canal 2 recogerá y dará continuidad al legado de los más insignes creadores de la televisión venezolana: José Ignacio Cabrujas, Renny Ottolina, Aquiles Nazoa, para mencionar sólo algunos de ellos.

Esa parrilla, aderezada con lo mejor de la cuentística, de la novelística latinoamericana, llevada a la pantalla chica con talento venezolano, fijará el rumbo de cómo hacer televisión de calidad y que le guste a la gente. Una televisión que se dé la mano con el sistema educativo para que ya no se diga que la televisión destruye en la noche lo que la escuela construye en el día. Sino que se reconozca que al ver televisión los niños, niñas, adolescentes y todos los usuarios y usuarias refuerzan y adquieren conocimientos, valores, hábitos y actitudes para ser mejores ciudadanos.

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