¡Cárcel para acaparadores y especuladores!

Peculiar dictadura esta que es sometida con saña cada día a un memorial de infamia por radio, televisión, diarios y sitios web por libérrimos ciudadanos vacunados con eficientes dosis de impunidad. Usted los ve: difaman, vilipendian y, luego, con una feliz sonrisa de héroe mediático, van al restaurante a recobrar energías con whisky y deleites gastronómicos dignos de los dioses.

Nadie los molesta. Vuelven al oficio de la infamia con la seguridad de que su libertad de expresión, pensamiento, organización, movilización están bien protegidas gracias a la conducta democrática del gobierno que ellos califican de autoritario, gorila, sanguinario y asesino.

Por menos de una de las tantas mentadas de madre que le espetan cada rato a los funcionarios del Gobierno, con modo y estilo o directo como una pedrada en la cara, los practicantes de la infamia darían con su humanidad tras las rejas si quienes gobiernan practicaran no una dictadura sino apenas una dictablanda, ligera, descuidada y confianzuda.

Los recalcitrantes oposicionistas saben que viven en la más formidable de las democracias del mundo, con una Constitución y un cuerpo de leyes tan garantistas que ser funcionario público comporta desempeñar el papel de débil jurídico, sujeto a soportar las peores infamias con el estoicismo de una militancia crística. Oponerse al Gobierno en Venezuela es tan chévere, incluso si la forma de lucha escogida no se detiene en el respeto a los derechos ajenos sean constitucionales o legales, que golpistas y terroristas pontifican en televisión cual si fuesen los voceros de la palabra de Dios, la cual pretenden –la cumbre de la infamia– secuestrar envuelta en una sotana.

Pero todo tiene límite. Se acepta que le saquen la madre a ministros y otros funcionarios para calentar la lengua viperina cada mañana. Empero acaparar los alimentos del pueblo para especular con los precios, engordar las ganancias y angustiar a la gente buscando desestabilizar el país, tan sólo porque un encopetado oligarca pretende despojar a la nación de una frecuencia radioeléctrica, constituye un salto más allá de la raya amarilla.

Ahí sí que se acatarró la paciencia. Un acaparador, un especulador es un malandro con doctorado en el choreo al por mayor. Y ante tan peligroso delincuente la única vía que debe transitar el Estado, en especial los poderes Judicial y Ciudadano, es aplicar el Código Penal sin miramientos ni contemplaciones. Es hora de que se acabe la blandenguería de los fiscales y los jueces, en general y, particularmente, en el caso de los acaparadores y los especuladores en el que la acción de los administradores de la justicia ha de ser implacable o no será.

Quizás aparezcan pronto en primer plano de la televisión y en primera página de los diarios los oposicionistas auto ungidos defensores de los derechos humanos con el aquelarre de que los acaparadores y especulares son ángeles de Dios, protegidos por las leyes divinas y humanas, de aquí y de allende las fronteras; seguro vendrán relatores, observadores, veedores y demás especimenes a defender a estos ladrones de siete suelas. Que aparezcan. Averigüemos ya cómo engordan sus cuentas bancarias: no sería sorpresa si encontramos que detrás de cada acaparador o especulador hay un aplomado abogado discurseador sobre los derechos humanos de tales malandros.

Pueden invocar a Bush en persona, pero aquí van presos los especuladores y acaparadores ya.

Willian Lara
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: